Presentación

jueves, 26 de mayo de 2016

Tofunesa

¡Buenas!
Ya tenemos el veranito a la vuelta de la esquina. Estamos haciendo el cambio de armario y por mucho cuidado que pongamos, vamos disfrazados: de madrugada hace frío, a mediodía calor... y qué me pongo hoy? Todo esto aderezado con algún resfriado. Igual nos pasa en la cocina, ya que hay días que todavía apetece sopita, pero ya vamos introduciendo algún plato estival. Y... ¿qué hay más veraniego que la ensaladilla? Poca cosa. Pero por qué conformarnos con la ensaladilla de siempre, si podemos hacer cosas más interesantes. Por ejemplo, cambiar la salsa.
Yo no soy muy mayonesera, en pequeña cantidad la tolero, pero según en qué preparaciones, por ejemplo, en la ensaladilla, la encuentro muy empalagosa y para mi gusto, disfraza los sabores de las verduras. Así que cuando descubrí esta receta de ensaladilla, empecé a disfrutar de este plato.
Esta receta la aprendí a hacer en un curso de Cocina Energética impartido por Rosa Tugores, aquí en Palma. Un referente en este campo. Este curso fue una interesante introducción a la cocina natural que me enseñó a manejar ingredientes poco habituales en la cocina del día a día y a cocinar de forma intuitiva, a escuchar a tu cuerpo y dejar que te pida los alimentos que necesita. Las clases prácticas eran fantásticas. El ambiente, inmejorable. Es que no hay como cocinar de forma relajada, con ingredientes naturales, ecológicos y cocina de llama (de toda la vida). La marcha de la clase era un deleite para el olfato y el paladar, y no sigo porque la boca se me hace agua y todavía no es hora de comer.
En la próxima entrada os explico los ingredientes que a mí me gustan para la ensaladilla, aunque en la foto ya se intuyen algunos.  Espero que os animeis a hacerla.

martes, 29 de marzo de 2016

Crespells

Tiempo de Pascua, procesiones, comidas familiares y recetas como esta. Los crespells y los robiols son los postres típicos de Semana Santa. Los crespells son las galletas que veis en la foto. Los robiols, son una especie de empanadillas, hechas de la misma masa u otra semejante, que se rellenan al gusto, de confitura, cabello de ángel, requesón, chocholate...

Esta receta queda muy fina y crujiente, me recuerda a las galletas de mantequilla, esto implica que se rompe un poco más que otras que he probado, pero al menos no hace pegote en la boca al comerlos. Nada...espolvorear un poco de harina en la mesa, o un poco de papel de horno o silicona para que no se pegue al estirar la pasta, y ya está.

La familia se suele reunir en estas fechas para elaborarlos. En mi caso, somos Laura, mis petardas y yo las que, desde hace unos años, nos juntamos el jueves para hacerlos. Sebastián no supera su pasividad por la cocina y aprovecha para escaquearse.  Así que, al final, acabamos hacemos un sólo chicas, involuntario, ya que nunca hemos cerrado la puerta al otro sexo.

Aunque las formas más tradicionales son la flor y la estrella, nosotras, también nos dedicamos a otras formas. Como veis en la foto, se intuyen ositos, lunas, mickeys, también tenemos gatitos, lagartijas, cerditos, vacas, e incluso una silueta de Mallorca, que emocionó a Júlia en cuanto la vio en el mercado, así que no nos quedó más remedio que hacernos con ella.

Como he comentado en otra entrada, si vais a cocinar con niños, conviene sacar ropa vieja y "acordonar" una zona para que no acabemos despegando masa  debajo del sofá o en el cuarto de baño, creedme, peores cosas he visto. Pero se lo pasan súper y desarrollan su creatividad, su motricidad fina y otras muchas cosas que dicen los maestros y que yo no controlo. El caso es pasarlo bien y comer con moderación, que no es una receta muy light.

Ya toca meter las manos en la masa...

martes, 22 de marzo de 2016

Sopas Mallorquinas


Ésta es la receta de sopas de mi madre, que a veces,  para mimarnos y quitarnos trabajo, nos prepara una buena cazuela y tenemos para un par de días. La pobre, según lo que hacía para comer preparaba un menú aparte para mí. De pequeña no me gustaban las verduras y esto la traía de cabeza. Ella nos cuidó cuando éramos niños y ahora, a sus 77 años todavía se preocupa por nosotros. Ahora nos toca estar pendientes de ella. No está muy bien de salud, pero tiene una energía que para mí la querría.

Cuando vivíamos en Galicia y veníamos de vacaciones a Mallorca, volvíamos cargados de Galletas de Inca, sabó fluix (pasta de jabón negro), y pan de sopas. También venía la ensaïmada, para los compromisos. Vamos, productos de primera necesidad. Hacíamos el trayecto en barco Palma Valencia y después en coche hasta Pontevedra. Casi 1000Km de ida, y otros tantos de vuelta en el 127 amarillo de mi padre. Mi madre y él delante, mis tres hermanos detrás y yo encima. En pleno mes de agosto, sin aire acondicionado, ni maxicosi ni puñetas. En el viaje de ida desde Galicia, antes de llegar a Valencia, nos parábamos a mediodía en el Hostal Patilla, en Requena (Patilla Hilton para mi familia). No sé cómo estará ahora, pero hace 30 años era lugar de parada y fonda para transportistas. Mi padre se chupaba los dedos con el pollo al ajillo. Mi hermano todavía lo recuerda como algo flipante. Vamos, que os voy a contar. El resto lo dejo a vuestra imaginación. Bueno, dejamos de lado este arranque de nostalgia y volvemos a la receta.


Para los que no conozcan el pan de sopas, diré que es un pan moreno de trigo, sin sal, que se deja unos cuatro días hasta laminarlo. Supongo que antiguamente era una forma de aprovechar el pan duro, ahora ya viene cortado y embolsado.

Este plato es uno de los más populares de la gastronomía mallorquina. Es un plato muy modesto del que existen muchas variedades: de pescado, de carbonero, de matanzas...la base de todas ellas son el pan de sopas y la verdura. Como os he comentado se aprovecha la verdura de temporada, y si no queréis, no es necesario poner carne.

No os entretengo más, vamos al lío.

martes, 23 de febrero de 2016

Tofu braseado



¿Tofu? Sí. Me animo a hacer esta entrada porque por primera vez he visto este producto en unos cuantos supermercados tradicionales, vamos, fuera del circuito de las herbodietéticas. Aún así prefiero el tofu ecológico, por su sabor y consistencia. Este producto es una proteína vegetal, que se obtiene cuajando la leche de soja con nigari (cloruro de magnesio). Y como he dicho en alguna entrada antigua, aunque parezca queso de leche animal, ni es queso, ni huele a queso y por supuesto, no sabe a queso. Además de proteínas, es muy rico en calcio.

Esta receta es muy famosa entre los cocineros veganos y vegetarianos. No tiene mucha dificultad y es bastante lucida. En este caso lo hemos acompañado de quinoa hervida y un salteado de verduras. Por cierto, una pregunta, ¿Quién conoce esta verdura morada del salteado? Efectivamente, es zanahoria morada, o como se llama aquí en Mallorca "Safarnòria".


Son bonitas, eh? Esta variedad de zanahoria la podemos encontrar en los mercados el primer trimestre del año. Aunque es de color morado por fuera, su interior es blanquecino con toques verdosos. Bueno, un placer para la vista. Su sabor es similar a la tradicional, de tono naranja, tal vez un poco más dulzona. El otro día la utilicé para hacer un bizcocho. Salió muy rico, esponjoso y húmedo a la vez, pero quedé un poco decepcionada, pues pensaba que al triturarla daría un tinte más morado a la mezcla. Bueno, seguiremos experimentando.

Volviendo al tema principal.

He oído muchas veces el comentario de "Tofu, ¡Qué asco!", y es que con el aspecto que tiene, muchos se aventuran a darle un bocado en crudo, pensando que saborearán un delicioso queso fresco y nada más lejos de la realidad. Es insípido y una textura extraña, para los que nunca lo han probado. De hecho, conviene cocinarlo o macerarlo para mejorar su sabor y su digestibilidad. El tofu absorbe muy bien los sabores de los aderezos que le añadimos y con él podemos elaborar guisos, salteados, añadirlo a la sopa, hacer salsa tipo mayonesa, sofreirlo y salsearlo, como es hoy el caso.

Otro ingrediente nuevo para muchos, es el concentrado de manzana. Este producto lo compro en tiendas de alimentación natural. Se obtiene a través de la concentración del zumo de manzana, el cual se calienta a poca temperatura para no alterar el producto.  Dependiendo de la presentación final se añade alga agar-agar, un espesante natural, para darle una consistencia gelatinosa. Es un sirope que podemos utilizar para endulzar tostadas, yogures y  para la preparación de muchos postres. Simplemente, para reducir el consumo de azúcar blanco.

 ¡Venga aventureros, os desafío a probar cosas nuevas!