¡Buenas!
Ya tenemos el veranito a la vuelta de la esquina. Estamos haciendo el cambio de armario y por mucho cuidado que pongamos, vamos disfrazados: de madrugada hace frío, a mediodía calor... y qué me pongo hoy? Todo esto aderezado con algún resfriado. Igual nos pasa en la cocina, ya que hay días que todavía apetece sopita, pero ya vamos introduciendo algún plato estival. Y... ¿qué hay más veraniego que la ensaladilla? Poca cosa. Pero por qué conformarnos con la ensaladilla de siempre, si podemos hacer cosas más interesantes. Por ejemplo, cambiar la salsa.
Yo no soy muy mayonesera, en pequeña cantidad la tolero, pero según en qué preparaciones, por ejemplo, en la ensaladilla, la encuentro muy empalagosa y para mi gusto, disfraza los sabores de las verduras. Así que cuando descubrí esta receta de ensaladilla, empecé a disfrutar de este plato.
Esta receta la aprendí a hacer en un curso de Cocina Energética impartido por Rosa Tugores, aquí en Palma. Un referente en este campo. Este curso fue una interesante introducción a la cocina natural que me enseñó a manejar ingredientes poco habituales en la cocina del día a día y a cocinar de forma intuitiva, a escuchar a tu cuerpo y dejar que te pida los alimentos que necesita. Las clases prácticas eran fantásticas. El ambiente, inmejorable. Es que no hay como cocinar de forma relajada, con ingredientes naturales, ecológicos y cocina de llama (de toda la vida). La marcha de la clase era un deleite para el olfato y el paladar, y no sigo porque la boca se me hace agua y todavía no es hora de comer.
En la próxima entrada os explico los ingredientes que a mí me gustan para la ensaladilla, aunque en la foto ya se intuyen algunos. Espero que os animeis a hacerla.